El portorriqueño -así lo escribíamos en mi juventud- Carlos López Cepero fue un personaje que presumiblemente en el año 1897 se trasladaría a Barcelona, tal vez con su cuñado y su hermana (*), tal como indica Bernard Christenson en su libro -del cual hablaré más adelante- para conocer a la familia catalana de su esposa. Ignoro si este fue el único motivo de su estancia, aunque otro de ellos parece ser los estudios -después tendremos más noticias sobre esto-, puesto que en El Diluvio nº 176, de junio de 1896, se lee que se le había otorgado el título de Tenedor de Libros, por la entonces prestigiosa Academia Cots (Supongo que en aquella época se denominaba Tenedor de Libros al profesional capacitado que podía operar en los registros financieros de una empresa. Como sea que durante un año y cinco meses había trabajado con la Intendencia General de Hacienda Pública de la Isla de Puerto Rico para la Aduana de Naguabo, en 1878, podría ser que su ingreso en la Academia Cots estuviera relacionado para perfeccionar sus conocimientos sobre aquel trabajo).
La misma noticia, ampliada con este preámbulo: “En los exámenes públicos celebrados el martes último ante señores peritos y profesores mercantiles, otorgó la Academia Cots de Barcelona el título de Tenedor de libros…”, aparecía en La Lucha, de Gerona, nº 5904, del 26 de junio de 1896.










